Por Fernando Polo.
En primavera de este año, tendrá lugar el décimo aniversario del Manifiesto Cluetrain. Me leí por primera vez las 95 tesis, allá por 2002, cuando aún no existían prácticamente blogs, y las conversaciones entre usuarios seguían sumergidas en foros de opinión, que no eran rastreados por Google, y por tanto, permanecían habitualmente en un recóndito olvido. Me pareció interesante, pues en aquel entonces tenía que salir a vender a las empresas la idea de que los consumidores estaban hablando en la Red de sus productos, y que ellos no podían guardar la cabeza bajo el ala. En aquella época, en la startup en la que participé como fundador, rastreábamos el contenido de foros y webs, para analizar de forma masiva a posteriori las conversaciones. Rastreabamos el contenido directamente del html. Apenas lanzado el RSS, prácticamente ninguna web lo usaba. ¿Blogs? En España se contaban con los dedos de cuatro o cinco manos.
El cluetrain es una idea sencilla, que pone de manifiesto algo que siempre me ha producido grima, las empresas hablan en un idioma que los consumidores escuchan con perplejidad e impermeabilidad. No me refiero sólo a la publicidad, sino más bien a la comunicación corporativa. Consignas grandilocuentes, clichés, uso de expresiones manidas, lenguaje pomposo o altivo. Afirmaciones que ya nadie cree, por saturación. El contraste deriva posiblemente del cambio de paradigma que Internet ha supuesto en la comunicación personal en general (correo electrónico, chats, foros, blogs, microblogging, etc). Por un lado, las personas hablan y por otro, las empresas no escuchan, y/o predican en el desierto.
El consumidor está dispuesto a recibir un mensaje más honesto, donde se le diga la verdad, en el que se exponga con normalidad los beneficios de un producto o servicio, y se le den razones para comprar, sin intentar hipnotizarle con lemas o consignas de dudosa originalidad. Además, quiere que las empresas hablen con ellos en conversaciones mantenidas públicamente, con honestidad. Resumiendo, sigue dispuesto a comprar nuestros productos, pero no acepta que sigamos pensando en términos de comunicación unidireccional.

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